El Muro Fronterizo de Charlotte

A principios de febrero, el servicio de inmigración y control de aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) condujo redadas en la comunidad latina de Charlotte, las cuales fueron bastante amplias y más agresivas que antes, creando un profundo pánico sobre arrestos y deportaciones, a través de las calles del área este de Charlotte
ANDY McMILLAN

Cinthia y su compañero César comenzaron el año con un nuevo bebé, la sorpresa de un nacimiento prematuro, su tercer hijo, un niño. Cuatro semanas después, Cinthia estaba alimentando el bebé, cuando contestó una llamada de un agente del servicio de inmigración. ICE había arrestado a César esa mañana. César le diría a Cinthia más tarde que había sido un asunto de identidad equivocada, y él esperaba que ICE lo liberara muy pronto, así que él le pidió al agente que la llamara.

Seis semanas más tarde, él todavía no había regresado a su casa.

Gradualmente, Cinthia fue reconstruyendo lo que había sucedido, basado en lo que César le contaba diariamente por teléfono desde un centro de detención federal fuera del estado. En la mañana del 5 de febrero, un agente de ICE en un automóvil no identificado detuvo a Cesar (un plomero), mientras conducía al trabajo. El agente le mostró una fotografía de un hombre que ICE buscaba por cargos penales, el cual César no reconoció. Cuando el agente le pidió identificación, César admitió que era un inmigrante indocumentado de Honduras.

Aunque no era el hombre que buscaban, el agente llevó a César a las oficinas de ICE en Tyvola Road. Le tomaron las huellas dactilares y le confiscaron su teléfono. Ese día, los agentes trasladaron a César al centro regional de detención de ICE cerca de Atlanta. Durante semanas, esperó por una audiencia de fianza y el regreso a su casa. De acuerdo con Cinthia, César no tiene antecedentes penales.

El arresto de César ocurrió durante una semana en la cual ICE detuvo a cientos de inmigrantes indocumentados en Carolina del Norte. El número exacto no está claro. ICE dijo que arrestó a un total de 200. Los periodistas locales y los grupos de inmigración dijeron que el número se acercaba más a 275. Agentes no uniformados en vehículos no identificados arrestaron a inmigrantes en áreas residenciales y comerciales, muchos con antecedentes penales o cargos pendientes, muchos no. La agencia federal concentró sus redadas en el área este de Charlotte, el centro de la comunidad latina de la ciudad donde; incluso semanas más tarde, las tiendas y los lugares públicos normalmente bulliciosos, estaban inusualmente callados por el temor que se estableció en las calles.

Cinthia, un ama de casa, encontró un trabajo a tiempo parcial para pagar sus cuentas mientras César se quedaba en el centro. Ella limpiaba oficinas y se llevaba a su bebé con ella. César les contó a sus dos hijas, de 5 y 6 años, que su padre estaba fuera en un trabajo extenso. Ella no sabía por cuanto más podría mantener esa historia, y no sabía que tanto tiempo más lo podrían creer.

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ICE arrestó a inmigrantes indocumentados en los lugares más comunes como, una farmacia CVS en Central Avenue y una gasolinera QuikTrip en Eastway Drive, lo que interrumpió la rutina diaria. La gente temía ir al trabajo, pensando que los agentes detuvieran una camioneta o aparecieran a su lugar de trabajo. Los padres temían caminar a los niños hasta los autobuses escolares. Las gasolineras, las tiendas de comestibles y los restaurantes, eran todas amenazas. Muchas familias, independientemente de sus delitos o estatus migratorio, temían salir de su hogar. Así que no lo hacían.

ICE considera un arresto como el de César, un arresto colateral. En la búsqueda de delincuentes, los agentes pueden arrestar a cualquier inmigrante indocumentado que encuentren. Si ICE busca un delincuente en una camioneta de trabajo, o en una tienda de comestibles, ICE también puede arrestar a otros inmigrantes indocumentados. "Si tienes una camioneta blanca con escaleras y aparentas ser hispano, te van a detener", dijo Wendy, cuya familia huyó de Honduras hacia Charlotte cuando era una niña.

La nueva medida agresiva es una prioridad de la administración de Trump. El presidente heredó las políticas de ICE y el Departamento de Seguridad Nacional que priorizaron la eliminación de delincuentes peligrosos e ignorando en gran medida a los pacíficos con más tiempo en los EE. UU. Una semana después de su inauguración en enero de 2017, Trump emitió una orden ejecutiva que triplicó el número de agentes de ICE y dejó en claro, que los indocumentados se consideraban delincuentes por tan solo vivir en los Estados Unidos.

Tres semanas después de la orden ejecutiva, una redada nacional de ICE dio lugar a un número aproximado de 680 arrestos, 84 en Carolina del Norte. Los arrestos por ICE aumentaron un 30 por ciento ese año. ICE todavía sostiene que buscan a delincuentes peligrosos. Pero la orden ejecutiva distorsionó los límites de esos objetivos.

Si la orden ejecutiva de Trump impulsó las redadas de 2017, las elecciones del alguacil de Carolina del Norte provocaron las más recientes.

En diciembre pasado, los condados más poblados del estado, Mecklenburg y Wake, eligieron a los alguaciles que hicieron campaña con promesas de poner fin a la cooperación de sus jurisdicciones con ICE, específicamente a través del programa federal 287(g), bajo la cual las autoridades del condado pueden referir reclusos a la agencia para una posible deportación. En diciembre, el nuevo alguacil de Mecklenburg Garry McFadden, puso fin a una participación de 12 años de su condado en el programa. ICE advirtió que la decisión resultaría en una ejecución más agresiva en los vecindarios. Durante una conferencia de prensa en Charlotte, el director de la oficina exterior de ICE, Sean Gallagher, introdujo a los condados de Mecklenburg y Wake a "una nueva normalidad".

La nueva normalidad intensificó viejos temores. Como mínimo, ICE arrestó a más del doble de indocumentados en Carolina del Norte que en las redadas de 2017, incluyendo un aumento en las detenciones colaterales donde los inmigrantes vivían y trabajaban. Un historial penal limpio ya no era suficiente; un viaje al supermercado a mala hora podría llevar al arresto. Los arrestos crearon temor y confusión que se parecían menos a los subproductos de la política federal y más a sus objetivos.

Mientras el presidente insiste en construir un muro fronterizo a 1.500 millas de distancia, las políticas federales de inmigración han construido un muro alrededor de miles de habitantes de Charlotte. Aventurarse más allá del muro fronterizo es arriesgarse a nunca regresar a casa.

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Alrededor de dos tercios de los 11 millones de inmigrantes indocumentados en los Estados Unidos han vivido aquí por más de una década. Ahora millones de inmigrantes indocumentados están atascados, porque huyeron de países empobrecidos y violentos hacia un nuevo hogar y una economía que depende de su trabajo, pero con un sistema que no ofrece un camino realista a la ciudadanía y donde la política actual penaliza su presencia.

Ana llegó a Charlotte desde México hace 14 años con su esposo, quien estaba buscando trabajo. En la mañana del 9 de febrero, ella estaba haciendo el desayuno para sus hijos cuando alguien tocó a su puerta. (A petición de ellos y por su seguridad, usé un seudónimo para Ana y los nombres de pila solo para Cinthia, Cesar y Wendy). Su bebé y su niño pequeño estaban con ella en la cocina mientras sus cuatro hijos mayores miraban la televisión en su habitación. Ana se asomó afuera y vio tres agentes de ICE en la puerta de su casa. Cuando la vieron, uno de ellos presentó un trozo de papel en la ventana.

Ana agarró a sus dos hijos de la cocina y se escondió en un armario, esperando que sus hijos mayores se quedaran en su habitación. Los agentes golpearon tan fuerte que Ana temió que la puerta se viniera abajo. Se quedó en el armario, llorando, con su bebé y su niño pequeño. Uno de sus hijos mayores salió de su habitación para investigar; Vio a los agentes de ICE en la puerta, luego miró a su alrededor hasta que encontró a su madre. Después de unos 15 minutos, los agentes se fueron.

Ana estuvo en Charlotte durante las redadas de ICE de 2017, pero estas se sintieron diferentes. Los agentes habían detenido a tres personas de su complejo de apartamentos. En 14 años, esta era la primera vez que su familia estaba tan asustada.

El temor no ha disminuido. Cualquier golpe en la puerta hace que su hijo llore. Ana ya no sale de la casa sin necesidad, y cada vez que debe hacerlo, sus hijos le piden que se quede en casa. Su esposo trabaja menos días en su trabajo de construcción, porque él sabe que ICE detiene camionetas de trabajo y visita sitios de trabajo, pero sus deudas se siguen acumulando. Cuando se va al trabajo, él y Ana se miran a los ojos por más largo tiempo, sabiendo que esa mirada podría ser la última durante semanas o incluso meses.

A través del área este de Charlotte, los maestros cuentan historias de niños que llegan a la escuela llorando, temerosos de volver a una casa vacía, y quienes llevan a casa sus manzanas del almuerzo a sus padres quienes temen comprar comestibles. Es un acontecimiento de gran impacto para personas que llegaron a Charlotte hace una generación buscando una mejor vida.

La comunidad latina de la ciudad comenzó a crecer en 1989, cuando la torre del Bank of America comenzó a construirse y los contratistas tuvieron que atraer mano de obra para construirla. La comunidad creció con un perfil urbano en las décadas de 1990 y 2000; aun hoy día, un tercio de los trabajadores indocumentados de Charlotte continúa en la construcción.

La gente se pregunta ¿Por qué los inmigrantes indocumentados no esperan su turno para entrar legalmente? La respuesta: hacerlo desde México o América Central, es casi imposible. El promedio de espera para una audiencia de inmigración es de 739 días, incluyendo a aquellos que buscan asilo. Estados Unidos rechaza alrededor del 80 por ciento de las solicitudes de asilo a la gente de la región del Triángulo Norte de El Salvador, Honduras y Guatemala (estas se encuentran entre las regiones más peligrosas del mundo). Casi todos los inmigrantes aprobados para visas tienen ingresos estables, propiedades y títulos universitarios, lo que excluye a los que tienen más razones para huir. Entonces, ¿por qué los inmigrantes indocumentados no esperan su turno en la fila? Porque no hay fila.

El dilema plantea una pregunta a los estadounidenses nativos: ¿Qué harías, si vivieras en un país saturado de pandillas y de pobreza, pero con cercanía a un país seguro y próspero con una gran vacancia de empleos con bajos salarios? ¿Cuánto tiempo esperarías por tu turno, sabiendo que quizás tu turno nunca llegue?

La gente como Ana está en una situación muy difícil. Han establecido su vida en Estados Unidos, pero no pueden obtener estatus legal. Los Estados Unidos no ofrece un camino a la ciudadanía para aquellos que han ingresado ilegalmente. Para solicitar una tarjeta de residente permanente (mejor conocida como Green Card), las personas necesitan regresar a su país de origen, llenar solicitud en el consulado de los EE.UU. y luego enfrentarse a una prohibición de viaje punitiva, basada en la cantidad de tiempo que pasaron ilegalmente en el país. A una persona que haya vivido ilegalmente en los Estados Unidos por más de un año se le puede prohibir la entrada por una década. El fin de la prohibición de viajar no garantiza que las personas puedan volver a entrar al país. Solo garantiza su elegibilidad para solicitar un estatus legal.

Ana y su esposo han vivido esta realidad durante 14 años. Ahora viven con un traumatismo, sabiendo que el gobierno de los Estados Unidos puede, en cualquier momento, sacarlos del país y separarlos de sus hijos.

"No somos criminales", me dice Ana a través de un intérprete. Estamos en “ourBRIDGE” en el área este de Charlotte, un programa extracurricular para niños de inmigrantes y refugiados al cual asisten cuatro de nuestros hijos. “Vinimos aquí para buscar mejores oportunidades. Estamos aquí para trabajar y no queremos robarle a nadie. Solo queremos quedarnos aquí ".

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Incluso las personas que vinieron aquí de niños con sus padres sufren las mismas consecuencias. Wendy era una niña pequeña cuando sus padres huyeron de Honduras a Charlotte hace 20 años. Aunque tiene el estatus de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), lo cual difiere la deportación y le otorga un permiso de trabajo, las amenazas de Trump de revocar el programa, le preocupa. ¿Qué causa esto? El desafío inmediato de la matrícula de Wendy, quien ha vivido en el estado casi toda su vida y paga impuestos, pero los beneficiarios de DACA de Carolina del Norte no califican para la matrícula estatal o los préstamos estudiantiles federales, lo que amenaza su sueño de convertirse en maestra.

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Todavía, Wendy cree que sus padres tenían razón al huir de la violencia de Honduras. "Mientras más esperábamos, más alto era el riesgo de morir", dice ella. Le pregunto cuánto tiempo habría esperado la familia para ingresar legalmente. Wendy mueve negativamente la cabeza y dice: "Todavía estuviéramos allí".

A Wendy le encantó crecer en Charlotte. Ella disfruta su trabajo como secretaria de la escuela, sus interacciones con los estudiantes y los padres, y su sensación de que es útil. Ella siempre se ha sentido bienvenida en Charlotte. Pero desde febrero, ella ha estado asustada y se pregunta si es aquí donde quiere quedarse.

Entonces, ¿es este miedo e incertidumbre el objetivo final de las redadas? De acuerdo con el activista de inmigración Yisel Pomier Maren, el objetivo del gobierno es la auto deportación: ICE crea suficiente caos y terror para que los inmigrantes se vayan por su cuenta.

Como directora del programa de defensa contra la deportación en la Coalición Latinoamericana durante las redadas de febrero pasado, Maren conectó a las familias afectadas por las detenciones de ICE con abogados, conductores, intérpretes, iglesias, bancos de alimentos y otros que ofrecieron ayuda. Cuando escuchaba a las familias, les decía que los comprendía.

Maren creció en la pobreza en Cuba. Cuando eran niños, su hermana iba a la escuela por la mañana y Maren por la tarde. Su familia tenía un par de zapatos, que las chicas intercambiaban durante el almuerzo. Los zapatos eran talla seis; Los pies de Maren crecieron hasta la talla 12.

En 2010, Maren huyó a Venezuela, donde comenzó un viaje de un mes y medio para buscar asilo en los Estados Unidos. Viajaba en coches y en motocicletas. Ella nadó, caminó y montó en bicicleta por Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México. Antes de llegar a la frontera con los EE.UU., la policía mexicana la arrestó por estar allí ilegalmente. Después de 45 días en un centro de detención, la policía la subió a un avión y le dijo que la llevaban a otro centro de detención. Cuando el avión aterrizó, Maren se encontró de vuelta en Cuba.

Maren lo hizo de nuevo en 2014, siguiendo la misma ruta. Una vez más, ella terminó en un centro de detención mexicano. Esta vez, una organización de derechos humanos que inspeccionaba el centro intervino en su nombre para concederle asilo en los Estados Unidos.

Este campo de trabajo no es fácil para Maren. Despierta sus peores recuerdos. Ha viajado dos veces a través de la pobreza y la violencia de la que huyen los inmigrantes y en muchos de sus países de origen. Ella cree que es su deber el compartir con otros la anécdota de su experiencia como ayuda para que logren lo mismo que ella logró. Como estadounidense, ella es libre. Maren viaja adonde quiere y apoya a su familia en Cuba. Tiene una buena vida y una carrera satisfactoria, y muchos, muchos zapatos.

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"¡Gar-ry! ¡Gar-ry! ¡Gar-ry!” La ovación de pie se eleva en un cántico. Es el 18 de febrero, aproximadamente dos semanas después de que comenzaran las redadas, y Garry McFadden concluye su discurso ante una multitud de más de 700 personas en la iglesia Lirio de los Valles en el área oeste de Charlotte.

Temprano en ese día, durante la manifestación del Día Sin Inmigrantes en Marshall Park, los oradores criticaron a las autoridades locales, específicamente al Departamento de Policía de Charlotte-Mecklenburg (CMPD, por sus siglas en inglés), por no haber protegido a la comunidad latina. Esta noche, McFadden, un veterano de 34 años en CMPD y ex detective de homicidios, ha venido a esta iglesia hispana para responder a preguntas y tranquilizar a la multitud.

"Hola, soy Garry McFadden", "Y yo soy su alguacil". Dice él, mientras saluda a la multitud.

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McFadden se compromete a proteger todos los residentes, sin importar su estatus migratorio. Él le dice a la multitud que pueden reportar crímenes y presentarse como testigos sin temor a ser arrestados. Él anima a la comunidad a conocerlo a él y a sus oficiales diputados.

“Invítenos a sus fiestas. Invítenos a sus restaurantes. ¡Invítenos a sus bodas! Y vendremos. No queremos ser extraños para ustedes", dice. "Y si eso significa que todos quieren jugar deportes contra nosotros, bueno, aceptaremos ese desafío".

Él no le dice a la iglesia que su oficina o CMPD detendrá las redadas de ICE. Él no les dice que pondrá fin a los arrestos, porque él no puede. Las agencias locales no tienen poder sobre los federales. Lo más que puede hacer McFadden esta noche es, diferenciar a las autoridades locales que no hacen arrestos por inmigración de agentes federales que lo hacen.

McFadden se baja del escenario para saludar a la multitud. El alguacil no esperaba que docenas de personas lo rodearán para tomarse una foto con él, o que los padres le pidieran que posara con sus hijos para tomar fotos. Ciertamente no esperaba que una anciana exclamara con una sonrisa: "¡Nunca pensé que algún día abrazaría a la policía!"

McFadden hizo su promesa de terminar con la participación del condado con la 287(g) el enfoque de su campaña. La partida de Mecklenburg apenas lo convirtió en un condado perverso, porque solo 78 de los 3.007 condados de EE.UU. participan en el programa. Una de las razones principales por las que la 287(g) puede afectar la confianza entre las autoridades locales y la comunidad a la que sirve. Cualquier interacción con la policía aparentará ser un riesgo.

McFadden me dice en su oficina al día siguiente; "Tengo casi cuatro décadas de experiencia en esto. Esto no es un estudio. No tuve que revisar los datos". "Estoy mirando a las personas que dicen: 'No voy a ir a los tribunales' o 'No voy a denunciar este delito'". ¡Y esos niños! Imagínese a esos niños creciendo con este miedo toda su vida".

Como alguacil, McFadden sirve ordenes penales, independientemente de su estatus migratorio. Para hacer sus arrestos, los agentes de ICE utilizan órdenes de arresto civiles. La ejecución de la ley de inmigración generalmente está sujeta a la ley civil, que permite a ICE arrestar a personas sin la firma del juez requerida para una orden penal. ICE sostiene que las órdenes civiles todavía dan prioridad a los delincuentes.

McFadden se resiste al reclamo y pregunta: ¿Qué tipo de delincuentes? En 2017, casi tres cuartos de las 143,470 personas arrestadas por ICE tenían condenas penales: 42 por ciento de manejar bajo la influencia (DUI, por sus siglas en inglés), 31 por ciento de delitos de tráfico. Solo el uno por ciento había sido condenado por homicidio, solo un 2.6 por ciento por agresión sexual. ¿Asesinos y violadores del límite de velocidad? Ambos considerados criminales por ICE.

"Si estas personas son tan violentas, ¿por qué no tienen la documentación necesaria para firmar una orden penal en su contra?", pregunta McFadden. "Conocen a estas personas por su nombre, conocen los delitos que cometieron. ¿Por qué no firmar una orden penal y arrestarlos?”

McFadden cree que la redada de febrero fue una represalia contra Carolina del Norte por estar en contra de la 287(g): a partir de este año, 96 de los 100 condados del estado no cooperan con ICE. ICE culpa a esos condados por forzarlo desde las cárceles hacia las calles, donde ICE dice que debe perseguir una agresividad policial y donde los arrestos colaterales son inevitables.

McFadden piensa que parece un intento de intimidar a las oficinas del alguacil para que cooperen con ICE. "Pero me mantengo firme", y continuaré haciendo lo que necesito para proteger a esta comunidad", dice él.

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Cinthia pasa la mayoría de su tiempo preocupada por lo que sucederá. A veces ella está enojada por lo que ya ha sucedido. A ella le encantaba Charlotte, pero ahora se pregunta si esta ciudad es el mejor lugar para su familia.

A mediados de marzo, todavía César permanecía en el centro de detención en Georgia. Le pregunto a Cinthia, qué haría si supiera que él había sido puesto en libertad. "Le agradeceré a Dios por las bendiciones, y porque todo saldrá bien", dice ella.

 

Jen Tota McGivney es escritora en Charlotte. Póngase en contacto con ella escribiéndole a jennifer.mcgivney@gmail.com o vía Twitter, @jen_mcgivney.